I. Nacionalismo cultural en Puerto Rico

Ahora bien; ¿Es apropiado clasificar el período en que se desempeña el maestro Amaury Veray como "Nacionalismo musical"? Si comparamos esta época desde el marco de la historia de la música con otras movimientos similares en el mundo, es inevitable que nos encontremos con los escuelas nacionalistas musicales de las escuelas checas, italianas y rusas del siglo XIX. Estos nacionalismos fueron el resultado de los sucesos políticos que se vivían en aquellos días. La idea del imperialismo llegó a convertirse en la meta de expansión internacional de varias naciones poderosas. Esto, junto a otros procesos de choques étnicos, llevó a que se desarrollara un ambiente de tensiones y de competencia, en el que cada nación trató no solamente de imponer sus costumbres sobre otras más débiles, sino que los usos y costumbres propias subsistieran ante la transculturación que imponían las metrópolis imperiales. Sucedió en frecuentes ocasiones que para detener la ola de influencias que venían de otras naciones interventoras, los compositores se comprometieron a utilizar como elemento definitivo de sus trabajos, la música propia de su país. De esta forma intentaban impedir que la identidad nacional se viera aplacada por los usos y costumbres de otros pueblos ajenos a ellos.

Comparemos ésto con el trasfondo histórico puertorriqueño de la época que nos interesa (1950- ). En la Isla se estaba viviendo el segundo cuatrienio de dominio de Luis Muñoz Marín. Es en este período que Puerto Rico experimenta la transformación más significativa en su relación política con los Estados Unidos desde la invasión en el 1898. Separar este suceso de la escuela Nacionalista musical es imposible. Las primeras décadas del siglo XX se caracterizaron por el desapego y desdén de las autoridades estadounidenses por todo aquello que tuviera que ver con la idiosincrasia nacional puertorriqueña. Las instituciones dedicadas a la educación y aquellas que tienen que ver con la seguridad pública fueron instrumentos al servicio de la transculturación. Por esta razón, no podemos decir que es inapropiado utilizar el término "nacionalista" para clasificar este período en Puerto Rico. Al igual que en los procesos que se sucedieron en Europa en el siglo XIX, en Puerto Rico se vivía un despertar. La liberalización de la política norteamericana en el país ayudó a que se consumara este renacer. El Nacionalismo musical de los años '50 se convirtió en un esfuerzo de reafirmación de identidad puertorriqueña, dentro de la música académica en Puerto Rico.

Posterior al establecimiento del Estado Libre Asociado (1952), es que se materializan varias iniciativas que impulsaron importantísimos proyectos culturales. Así se llegará a crear el panorama musical contemporáneo del país. Todo esto gracias al desarrollo de varias instituciones que tendrán la función de velar por el desarrollo cultural y difundir el mismo a través de toda la Isla. El Nacionalismo musical encontró amparo en estas instituciones.

Es en este periodo que surge el Instituto de Cultura, en donde se van a llevar a cabo varias series de conciertos, no sólo de música popular, sino también de música académica, escrita en Puerto Rico . Con la División de Educación de la Comunidad y bajo la dirección de Jack Delano, se producen las primeras películas puertorriqueñas de interés cultural. Amaury Veray , entre otros, escribió y grabó la música de algunas de las películas que allí se realizaron (El puente, 1958). La Revista del Instituto de Cultura aportó un espacio para la publicación de artículos sobre cultura y música puertorriqueña, entre otros temas. El maestro Veray estará entre los escritores que aportaron importantes artículos en esa ya desaparecida revista.(iv)

En definitiva, el Nacionalismo musical fue otro resultado del positivismo que se vivía en esos días en la Isla. La característica que define la música del Nacionalismo es que el compositor extrae la materia prima para su obra de la riqueza cultural propia del país. Ejemplos de esto son el Ballet Urayoán (1958) de Héctor Campos Parsi y Las Brujas de Loiza (1956, Suite; 1984, Ballet) de Jack Delano. En la obra del maestro Veray también encontramos esta singularidad inseparable de sus composiciones.

Ahora bien, Amaury Veray no sólo cumplió con los requisitos auto impuestos en el Manifiesto de Acción Musical. El maestro, a través de su trayectoria, se convertirá en la conciencia del movimiento musical del que fue co-fundador. La labor de Amaury Veray esta impregnada de un profundo mensaje de amor a la patria, que este compositor trata sin caer en lo panfletario, además del de la angustia humana. Estos objetivos artísticos en muchas de sus obras tiene varias vertientes que iremos examinando según repasemos sus composiciones más importantes. Su repertorio no es tan vasto como el de Campos Parsi, ni sus obras tan recientes como algunas de Delano, pero son las únicas que trascienden a su intervalo histórico y se hacen pertinentes a todos los puertorriqueños y a la humanidad por su profundidad temática y su carácter introspectivo. Veamos.