Introducción

En esta tarde se me ha invitado a hacer una breve exposición sobre la obra del ilustre maestro Amaury Veray Torregrosa. Trataremos de convencer a esta distinguida audiencia, de que la calidad artística y la madurez de las composiciones y escritos del maestro Veray no sólo son un reflejo de lo que fueron sus inquietudes políticas, religiosas y existenciales; también intentaremos demostrar la autenticidad humana de su legado, y cómo sus profundas inquietudes filosóficas e intelectuales marcan la historia musical puertorriqueña.

Es imposible separar las ejecutorias de un compositor del momento histórico en que se desarrollan. Las composiciones del maestro Veray son reflejo inevitable de su tiempo. La década posterior a la Segunda Guerra Mundial en Puerto Rico puede ser catalogada, sin que nos quede duda, como un Renacimiento cultural, en especial en todo lo que tiene que ver con la música.

En esta época maravillosa llegan a la luz pública las obras más importantes de Amaury Veray y de otros importantes compositores jóvenes, que junto al maestro, se unieron en la iniciativa plasmada en el Manifiesto de Acción Musical. Este manifiesto fue un documento, que contenía la propuesta para una nueva escuela musical en Puerto Rico. En el mismo se unen varios músicos y artistas de otras disciplinas con la intención de trabajar "en pro de una expresión musical auténticamente puertorriqueña." El resultado de este proyecto histórico fue más que afortunado. De esta iniciativa es que se desarrolla el llamado Nacionalismo musical de los años '50. Compositores tan distinguidos como Héctor Campos Parsi y Jack Delano serán algunos de los primeros nombres que junto al maestro Veray, lograrán dar vida a la idea esbozada en el Manifiesto de Acción Musical.

Es a través de las composiciones de esta escuela de mediados del siglo XX que por fin puede afirmarse que la música académica puertorriqueña (i) llega a tomar forma en propiedad. El Nacionalismo musical, reflejado en las composiciones de Veray, Campos Parsi y Delano es la culminación final del proceso que comenzó en el siglo XIX con la Danza puertorriqueña. Ese devenir discurre entre altas y bajas hasta el fin del periodo del Modernismo de principios de siglo, que encuentra su mejor momento en la obra de José Enrique Pedreira.(ii)